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La tensión entre la moral cristiana y la libertad

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El nuevo libro de Enrique Maza, Rostros del hombre, nos plantea problemas actuales en torno a la crisis de valores, las morales impuestas y las relativas, la búsqueda ética de una humanidad que anhela encontrar su esencia y sentidos. En un mundo como el actual, lleno de contradicciones, perplejidades, contrasentidos y conflictos, el sacerdote jesuita se pregunta sobre las convicciones profundas del hombre a través de una propuesta de viaje bíblico. El autor explora al hombre histórico de la Biblia, analizando el sentido de la religión, el amor, el pecado, la justicia, la muerte, la culpa y la libertad, entre otros. 

Más que llegar a grandes conclusiones o a una síntesis, la obra de Maza es una búsqueda personal abierta, fresca y sin inhibiciones. No pretende reprochar abiertamente a la Iglesia católica su prédica ni la caducidad de los valores morales que pretende imponer; sin embargo, es un texto crítico, sobre todo de la definición occidental de hombre, impregnada por la filosofía griega. Aristóteles sostiene que el hombre está integrado en dos partes separables y contradictorias entre sí: cuerpo y alma. El cuerpo instintivo, fisiológico y animal, por un lado, mientras el alma como razón, espíritu e inmortalidad son propias del espíritu de Dios. De dicha dicotomía se desprende no sólo la secularización de la cultura, sino de la propia Iglesia. Se deduce de la lectura, por tanto, que la crisis de la cultura occidental y la enseñanza católica tradicional, desde Santo Tomás, arrastran una dualidad que explica el actual naufragio tanto de la cultura del relativismo como de la propia Iglesia. Por el contrario, la inmersión que nos propone Maza en diferentes pasajes de la Biblia apuntala la concepción bíblica del hombre como unidad indivisible, de un ser histórico que ama, cambia, necesita, goza, sufre, sueña, piensa y se sabe efímero. 

El libro nos lleva a diversos episodios bíblicos donde se describe al hombre en situaciones concretas. Sin afanes académicos, Maza infiere que la moral del hombre debe vivir y manifestarse en su amor a Dios mediante la capacidad de relación con los demás en la justicia y con la sensibilidad actuante por los más pobres: “El propósito no es ir al cielo, sino obrar de tal manera que el cielo de Dios reine en la Tierra”, insiste Maza. El título del libro, Rostros del hombre, suena restrictivo en términos de género; no obstante, nuestro autor señala que Dios creó al hombre varón y mujer, y según tradición de la Biblia, se habla de hombre como género humano y no como masculino. 

Enrique Maza es un sacerdote jesuita con clara vocación intelectual, condición rarísima hoy, dado el perfil predominante del clero actual; nacido en 1929, ingresa a los 16 años a la Compañía de Jesús; filósofo, escritor, poeta y periodista, colaboró durante muchos años en el periódico Excélsior hasta el artero golpe de 1976, y junto con Julio Scherer García funda la revista Proceso. Sin duda, Maza contribuyó al tratamiento crítico que ésta dio a los temas religiosos que entonces se miraban en la sección de sociales. Junto con el diario La Jornada, se introduce en el periodismo el análisis sistemático con tratamiento político en el actuar sobre todo de la alta jerarquía en este país. 

Con la madurez de sus 80 años, Enrique Maza, introduce el tema de la libertad de Jesús frente a los puritanismos, moralismos e hipocresías de muchas instituciones que cosifican la moral. De hecho, el subtítulo del texto nos indica su estado de ánimo y posición frente a las controversias sobre los valores morales. En la portada del libro se lee: “Los caminos de la libertad frente a los absolutos”. 

Desde su primer capítulo, Maza nos muestra a Jesús como un hombre respetuoso y libre frente a los ritos, prácticas religiosas y sociales de su tiempo. Escribe: “Jesús no despreció el sábado, el ayuno y las demás prácticas religiosas. Conoció su valor y su importancia. Él mismo se sometió. Pero enseñó que son sólo medios. Sirven para el hombre, para humanizar y para liberar al hombre. No es el hombre para el sábado, para la ley, para los ritos, para los medios, sino al contrario. El hombre no debe esclavizarse a lo que debe liberarlo… Fueron claras sus rupturas y el escándalo que produjo en aquellos que se esclavizan a sus propios absolutos, así fueran los dogmas, las leyes, las normas, la autoridad. La crítica de Jesús, sus palabras y sus comportamientos hicieron vacilar todo eso y lo desacralizaron. Sólo Dios es absoluto”. 

Asimismo, nos recuerda que aquellos que no tienen intereses en el sistema de los valores vigentes y los que no tienen nada que perder están más cerca del reino, como Jesús, quien establece una nueva alianza provocando el escándalo de los poderes establecidos en su época. 

En el capítulo sobre los rostros del hombre católico cuestiona de manera valiente el pesimismo moral de la Iglesia, así como su excesiva culpabilización, y contundente señala: “El catolicismo, como lo hemos conocido en nuestra vida, es una religión del pecado”. 

El autor, también periodista y analista, sabe que sus posicionamientos desde hace décadas incomodan la ortodoxia del Vaticano y en carne propia ha sufrido procesos y reproches de los guardianes de la fe; en su libro sobre el diablo y el mal en nuestras sociedades fue sujeto de reconvenciones. Sin embargo, Maza es un jesuita sólido, de convicciones firmes que ha ganado a lo largo de su vida; no ha sido el pastor convencional, sino el sacerdote que desde el oficio periodístico ha venido acompañando la complejidad de los cambios y mutaciones del mundo contemporáneo por ello. 

Enrique Maza es un hombre libre y abierto a las transformaciones de la humanidad, no pretende inaugurar una nueva moral cristiana, sino abrirla a las actuales circunstancias de nuestra cultura para que pervivan algunos de los principios de la moral bíblica: santidad, justicia y amor. 
Notas: 

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2009/02/04/index.php?section=opinion&article=018a1pol 



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