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El drogo CORRIENTE

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“Yo me niego a ser un parágrafo en un sistema”
Soren Kierkegaard


Iván Despacio Martes
Epítome
Facultad de Salud. Biblioteca

Ahora como persona interesada en una profesión sobre salud, tengo la necesidad de indagar y contar algo sobre esas drogas que se recetan, llamadas medicamentos, y sobre los criterios que rigen su utilización. 

Se trata de dar un breve repaso a las distintas categorías de los llamados psicofármacos, para darnos cuenta de cómo la psiquiatría y la medicina en general, lejos de promover "un mundo sin drogas", lo que hacen es guardar sospechosamente en sus manos la capacidad de manipular el estado de conciencia ajeno. 

Se pretende que el individuo acabe por ser un extraño en su cuerpo y en su mente, y viva convencido de que sólo el “doctor” podrá decidir lo que debe ocurrir de su piel para adentro. Una lamentable situación que sólo podemos remediar en la medida en la que aumentemos nuestro conocimiento sobre toda clase de sustancias, tanto si son legales como si no. 

En mis días de inopia yo fui de los que creyeron que los medicamentos eran buenos y curaban; en cambio, existían las malvadas drogas ilegales, que entraban en otra categoría: la de algo diabólico y más poderoso que las personas... De manera que no me resulta ajena esa engañifa tan ampliamente difundida y que los profesionales de la salud mental nos vemos obligados a seguir difundiendo, la mayoría convencidos sin reflexionarlo, por lo que se adquiere el compromiso moral de mentir gregariamente. 

Pero al repasar la farmacología y tras vivir algunas experiencias, vi claro que todas las sustancias están en el mismo saco, compartiendo unos mecanismos biológicos que son universales, y los criterios científicos de su peligrosidad nada tienen que ver con los criterios políticos que rigen la prohibición. 

Mi sorpresa fue la conformidad con que toda la clase científica se tragaba lo que no se sostenía por ningún lado. El sesgo con el que se impartían clases; todo un curso de toxicología dedicado a hablar de lo peligroso de las drogas y sin decir nada de los contaminantes que están matando el planeta. La enorme carga ideológica que arruinaba todo rigor al hablar de ciertas sustancias me pareció una práctica de doble pensamiento al más puro estilo Orwell... y ahí sigue. 

Por el momento no contare mi vida, sino que trataré de exponer cuáles son los fármacos que pueden alterar nuestra conciencia y que están en la farmacia de la esquina. 

Según la "clasificación anatómica"15 de los medicamentos, que es la vigente, los medicamentos que actúan sobre el sistema nervioso se clasifican en las siguientes categorías: 


Anestésicos. (Que incluyen los analgésicos opiáceos) 
Antiepilépticos 
Antiparkinsonianos 
Psicolépticos 
Psicoanalépticos 
Entre otros
 
Esta clasificación es bastante más compleja y contiene multitud de fármacos. Sería largo y aburrido mencionarlos todos. A quien le interese le recomiendo que consulte algún catálogo de medicamentos, por ejemplo el "Catálogo de especialidades farmacéuticas" que todos los años edita el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos. No es una obra abierta al público, pero los hay en todas las droguerías... 


Anestésicos

Empezando por los anestésicos generales: dentro de ellos encontramos la ketamina. Un fármaco con los días contados: ya se están notificando los casos de "abuso", y ello suele significar que el fármaco se retira, deja de existir como tantos otros y pasa al ostracismo de la lista l de psicotropos (o a la lV de estupefacientes). Su pecado habrá sido el de dar placer a alguien. Eso ellos no lo perdonan. Un anestésico debe dejar inconsciente sin pena ni gloria, o mejor con pena. Pero nunca hacer otra cosa. 

Entre los anestésicos locales estuvo en su día la cocaína, pero también se portó mal, y ahora su lugar lo ocupan diversos análogos de menor eficacia pero intachable mérito anti-eufórico. 

Pero en lo que más se ha lucido el criterio anti-eufórico ha sido en la elección de opiáceos y en su restricción. Tenemos a la morfina como prototipo. La heroína era aún mejor, claro, pero ya cayó en desgracia y ahora se ve que no existe. Los opiáceos sintéticos metadona, pentazozina, buprenorfina, etc. son el resultado de largas investigaciones dedicadas a proporcionar algo que quite el dolor, pero que haga sentir mal en vez de bien. Así no hay "potencial de abuso", dicen... Esto, junto con las dificultades para recetar ese tipo de fármacos, ha hecho y hace que todo tipo de enfermos tengan que soportar grandes cantidades de dolor que serían muy fáciles de eliminar... si no fuera por cuestiones políticas, legales y morales.

Ahora hay una tímida tendencia a volver a la morfina, pero sólo en pacientes terminales y que no tengan antecedentes de abuso de drogas. Se les da menos de lo que necesitan y ya en los últimos días, después de haber agotado las posibilidades de la "escalera del dolor"16, que es de la OMS y tiene tres peldaños: en el primero se satura al enfermo de paracetamol hasta que revienta su hígado y de anti-inflamatorios hasta que revientan sus riñones; en el segundo se le agrega codeína a todo eso, y ya en el tercero se le puede dar morfina, pero por suerte allí sólo vivirá tres días de promedio y antes de llegar a drogadicto ya estará muerto. O sea que tranquilos. 

El tramadol (Adolonta, Tradonal...) es el opiáceo sintético que ahora más se receta y en un régimen más laxo: no hace falta la receta oficial de estupefacientes, sino que va como un medicamento normal. Si uno lo prueba, lo entiende: no vale para nada y tiene muchos efectos secundarios. Sin duda han dado con el analgésico ideal. A casi todos los ancianos reumáticos acaban recetándolo, pero les sienta tan mal que lo dejan. 



Antiepilépticos

Dentro de los antiepilépticos encontramos al fenobarbital (Luminal, Gardenal): el último de los barbitúricos que quedan en el mercado. Ahora sólo se receta para prevenir los ataques epilépticos. En su día los barbitúricos fueron tranquilizantes y somníferos ampliamente usados, pero han sido sustituidos por las benzodiazepinas, de las que hablaré en el apartado de tranquilizantes, debido a que éstas realmente tienen menor toxicidad. Antes la gente se suicidaba con barbitúricos; ahora, intentarlo con benzodiazepinas es perder el tiempo... y hacérselo perder a los demás.

El ácido valproico (Depakine) y la carbamazepina (Tegretol) son ejemplos de antiepilépticos que también se usan en psiquiatría con otras finalidades. Así encontramos que se da Depakine a niños como tranquilizante y Tegretol como antidepresivo. 

Todos los antiepilépticos tienen en común que deprimen el sistema nervioso. Así, el epiléptico tiene que vivir en el embotamiento para no sufrir ataques, con el agravante de que no puede nunca dejar la medicación, pues éstos volverían peor que nunca, dada la habituación que se ha producido en su organismo. Ahí es dónde no se puede evitar el pensar en los efectos terapéuticos de la marihuana contra la epilepsia como una alternativa que la clase médica no debiera desoír. 

No pretendo decir que estos fármacos no sirvan para nada; seguro que muchas veces no queda otro remedio. Pero debieran ser criterios científicos y de elección personal los que determinaran la deliberación, y no los actuales criterios políticos y morales. 


Antiparkinsonianos

La enfermedad de párkinson se debe a una falta del neurotransmisor dopamina en el cerebro, debido a la destrucción de las neuronas que lo producen. Los antiparkinsonianos, pues, serán fármacos que tratarán de que ese nivel aumente, y lo pueden hacer por varias vías: 

Como agonistas de la dopamina, es decir, imitando su acción. De ese tipo encontramos derivados del cornezuelo del centeno: bromocriptina (Parlodel), lisurida (Dopergín) y pergolida (Pharken). Todos mencionan como efectos secundarios el poder producir "delirios y alucinaciones"... Y parece factible, pues están emparentados químicamente con el ácido lisérgico, pero emparentados muy de lejos. Que nadie se haga ilusiones: son el resultado de largos años de estudio en que se ha buscado eliminar ese terrible efecto secundario. Una dosis masiva sólo produciría una intoxicación, con graves efectos cardiovasculares, además de vómitos y diarreas. 

Los que generan directamente dopamina en el cerebro: levodopa/carbidopa (Sinemet), del que no creo que nadie haya "abusado". 

Anticolinérgicos: biperideno (Akineton) y trihexifenidilo (Artane). Disminuyen niveles de acetilcolina, lo cual compensa la falta de dopamina. No sólo se recetan a enfermos de párkinson, sino a los tratados con neurolépticos, que veremos a continuación. Se dan para contrarrestar los terribles efectos secundarios de éstos y también se ha hablado de "abuso" por parte de quienes se toman más de lo recetado y dicen que así se sienten mejor. 

Que nadie busque en la farmacia un modo de colocarse a base de ingerir grandes cantidades de algo: no queda nada que valga la pena. Llevan décadas retirando meticulosamente todo fármaco del que se haya "detectado abuso", y han hecho un buen trabajo. Sólo hace falta que algo se pida más de lo que cabría esperar y se intoxique algún incauto para que llegue la noticia a Sanidad y se retire (como el caso del Respirex hace unos años), o se pongan trabas a su dispensación, como en el caso del Katovit y el Cloretilo, por ejemplo. 

Y donde no llega la ley, llega el celo de la clase farmacéutica, que tiene buen ojo para detectar a todo hereje en busca de goces mundanos, y les tiene un odio atroz. 



Psicolépticos

El término psicolépticos hace referencia a los tranquilizantes. Son los psicofármacos que más se recetan, junto con los antidepresivos y mezclados con ellos y para casi todo mal que aflija al humanito. Se distinguen dos grupos: tranquilizantes mayores o neurolépticos y tranquilizantes menores o ansiolíticos. 

Entre los primeros, también llamados antipsicóticos, se encuentran, citando algunos ejemplos: 
Fenotiazinas: clorpromazina (Largactil), clozapina (Leponex), tioridazina (Meleril), flufenazina (Modecate)... 
Butirofenonas: Haloperidol. 
Ortopamidas: Sulpirida (Dogmatil). En este grupo son de menor potencia. 
Nuevos fármacos: Risperidona (Risperdal), Olanzapina (Zyprexa). 

Están pensados para tratar la esquizofrenia y reducir los brotes psicóticos. Ello se consigue reduciendo la cantidad de dopamina en el cerebro y éste es su mecanismo de acción: dejar a las neuronas sin dopamina. Lo que hacen es vaciar los depósitos de neurotransmisores que hay en la neurona, de modo que éstos sean destruidos antes de poder llegar a su destino. Con ello se terminan los delirios, alucinaciones y reacciones violentas, pero también toda sensación de vivir y toda iniciativa. Hacen sentir realmente mal: impotencia sin ni siquiera posibilidad de rabia. Se puede llegar al extremo de que a uno lo ataquen cruelmente y no sea capaz de sentir enfado alguno, porque en sus neuronas no queda adrenalina ni nada que se le parezca.

Los efectos secundarios son de lo peor: sequedad, visión borrosa, retención urinaria, obstrucción de vías biliares, alteraciones sanguíneas, desequilibrios hormonales (no es infrecuente que una mujer pierda la menstruación)... Y los llamados "efectos extrapiramidales", que son debidos a la falta de dopamina, consisten en dificultades de movimiento y temblores parecidos a los que sufren los enfermos de párkinson (antes hemos visto que en la enfermedad de párkinson hay una falta de dopamina) y que suelen presentarse a quien lleva un tratamiento algo fuerte. Es por ello que también recetan Akineton conocido vulgarmente como “akinetonto” junto con esos fármacos: para paliar en parte esos efectos. 

Pero lo que no podrán paliar serán los casos de disquinesia tardía, en los que el sujeto será víctima de movimientos involuntarios el resto de su vida, aunque ya no tome más el fármaco, ni los de hipertermia maligna, ni los casos en que se destruye la sangre, o el hígado... Si hubiera una droga de diseño capaz de algo así, realmente tendrían razón de prohibirla. Pero tratándose del orgullo de la psiquiatría, se limitan a hablar de "efectos secundarios" y, dado que los clientes de estos fármacos cada vez más son jóvenes desorientados que resulta que han estado tomando de todo, no cuesta mucho imaginar quién va a cargar con el muerto... 

Ahora, los nuevos antipsicóticos Zyprexa y Risperdal parecen no tener tantos efectos secundarios. Al menos, a juzgar por su precio, bien tiene que ser así. 

A dosis bajas, claro, no aparecerán tan terribles efectos, pero siempre habrá una pérdida de impulso vital y un aumento de apetito que dará lugar a obesidad. A dosis bajas se usan para todo: niños movidos, ancianos que chochean, trastornos psicosomáticos, depresiones y "nervios" en general, bastan para ganarse una receta de Haloperidol gotas o algo parecido: la incomunicación y la conformidad general ganarán mucho con ello. Incluso al moribundo se le dan: "Así no le damos morfina ni ninguna droga y, si sufre, no nos enteramos", deben de pensar. 

Pero los tranquilizantes que más conoce todo el mundo y que probablemente no faltan en ninguna casa no son éstos, por suerte, sino otros más benignos: los tranquilizantes menores. 

Se trata de las benzodiazepinas. Tienen otro mecanismo de acción: incrementan el efecto del ya existente neurotransmisor GABA, que es el de frenar el impulso nervioso. El GABA se ocupa de relajar el organismo, y lo mismo pretenden las benzodiazepinas. Se dan como somníferos y ansiolíticos, o sea, para reducir la ansiedad, y funcionan. Pero crean adicción. Su síndrome de abstinencia será un exacerbado aumento de las angustias que pretendían evitar y puede llegar a tener forma de crisis epiléptica, ya que comparten mecanismos de acción con los antiepilépticos y, de hecho, pueden también ser usados como tales. 

Lo que distingue a unos de otros es la duración de su acción. Así tenemos que hay benzodiazepinas de: 

Acción corta (unas pocas horas): Midazolam (Dormicum), Triazolam (Halción), Lormetazepam (Noctamid)... Sirven para dormir. Al día siguiente su efecto habrá desaparecido prácticamente. Aquí también tenemos al Zolpidem (Stilnox), que se considera un análogo de las benzodiazepinas y cumple a la perfección la obra de misericordia de hacer dormir al que no puede. 

Acción larga (más de 24 horas): Diazepam (Valium), Bromazepam (Lexatin), Clorazepato dipotásico (Tranxilium)... Se recetan como ansiolíticos y con ellos el sujeto permanece sedado todo el día, muchas veces con la creencia de que con ello se está curando de algo. 

Acción intermedia (entre las dos anteriores): Flunitrazepam (Rohipnol), Alprazolam (Trankimazín), Lorazepam (Orfidal)... Aquí se pretende combinar el efecto somnífero con el ansiolítico. 

Se suelen recetar combinados, y a una misma persona se le va cambiando de uno a otro. A ciertos heroinómanos que están en tratamiento de "desintoxicación", se les trata con un cóctel de Rohipnol, Tranxilium 50, Trankimazín 2 mg, y puede que algún otro más, lo cual es para tumbar a un elefante. 

Después, unos y otros andarán mendigando recetas, pidiendo el medicamento sin receta, acudiendo a urgencias a que se la hagan. Todos igual de desesperados: el joven y la señora que no podía dormir y ahogó sus problemas en lo que le dieron como medicina y luego dejaron de darle sin más explicaciones. Jamás se conocerán ni se sabrán iguales. 

Luego está el que simplemente pide "algo para dormir". Para éste, la moderna ciencia tiene reservado un par de fármacos que quedaron obsoletos hace muchos años como antihistamínicos de primera generación: la Difenhidramina (Nytol) y la Doxilamina (Dormidina). Se usaban para la alergia, pero con muchos efectos secundarios, entre ellos el de producir somnolencia, una nada agradable somnolencia. Y ahora para dormir es para lo que se venden, y a un precio muy actual. 

En mi opinión, éstos son fármacos que convienen tener a mano para usar en un momento dado como lo que son: tranquilizantes. Ese momento bien puede ser la vuelta de un mal viaje, o el mal viaje mismo, o cuando toca relajarse y eliminar las tensiones producidas por cualquier derivado anfetamínico. Los de acción corta siempre serán más rápidos y manejables, pero cualquiera vale. 

La pega es que no los venden sin receta, pero seguro que en todas las casas hay alguno. 

En cambio, en lo que se refiere a tranquilizantes mayores, son los psicofármacos a los que menos pegas se pondrán para su adquisición; será fácil comprarlos sin receta. Se considera que "no tienen potencial de abuso" y por ello "son menos peligrosos". Otra muestra de cuál es su criterio de peligrosidad. 



Psicoanalépticos

Dentro de los psicoanalépticos encontramos a los estimulantes y los antidepresivos. 
En cuanto a estimulantes, atrás quedaron ya los tiempos de la Centramina y otras anfetaminas potentes que se vendían como medicamento. Ahora sólo queda el metilfenidato (Rubifen), el prolintano (Katovit) y la pemolina (Dynamín). El primero resulta ser el más potente y controlado. Sólo lo recetan a niños hiperactivos, a los que hacen tomar dos y hasta tres comprimidos diarios. “Pobres criaturas!...” Pero consideran que prácticamente no hay ningún motivo por el cual un adulto deba tomar esto. 

Los segundos son de baja potencia y llevan, además, un complejo vitamínico. Su indicación es la astenia que produce la convalecencia, por ejemplo, de una gripe (como si uno no tuviera derecho a descansar en esos días!) y el que recetan es el Dynamín, por ser poco o nada euforizante. El Katovit ya tiene cierta mala fama, que va por épocas y por zonas, pero que supongo que acabará con su retirada. 

Otro grupo de anfetaminas que había eran las de perder peso: anfepramona (Delgamer), fenfluramina (Ponderal), dexfenfluramina (Dipondal), fenproporex (Tegisec), etc., dado que uno de los efectos de las anfetaminas es quitar el apetito (momentáneamente, claro, como todo lo demás...). Ya están todas retiradas por ocasionar problemas cardíacos. Y es que no se habían seleccionado las menos tóxicas, sino las menos euforizantes, por aquello de "evitar el abuso", como siempre. 

El mecanismo de acción de todas las anfetaminas es doble: por un lado, imitan a neurotransmisores tales como adrenalina, noradrenalina y dopamina, cumpliendo con su función excitadora. Por otro, hacen que la neurona suelte sus reservas de neurotransmisores, pero no en saco roto como hace con los neurolépticos, sino en el sitio que toca. El resultado es el efecto estimulante, con toda clase de matices según la sustancia, claro, que luego deja paso a la fatiga, porque se han agotado las reservas. Ni que decir tiene que son sustancias de las que no conviene abusar por el desgaste que ello produce. Pero sí habría que poder elegir la situación y la sustancia y no encontrar que todas las que valían la pena están en la lista I, mientras hay otras que se están dando a niños para mantenerles atentos, (¿a qué?) como si de algo inofensivo se tratara. 

Aparte, encontramos también como estimulantes a la cafeína y una serie de fármacos llamados nootrópicos, que se supone que hacen que la neurona reciba más oxígeno. Su efecto es irrelevante. 

Los antidepresivos son, en el fondo, un tipo de estimulantes a largo plazo. Los hay también de varios tipos según su mecanismo: pero no entraré ahora en ello, porque resultaría demasiado extenso. Sólo recordar la especial precaución que hay que tener con los llamados inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAOs), que dan lugar a múltiples y peligrosas interacciones.

La depresión es un tema bastante más complejo como para pretender "curarla" con esos fármacos, que lo que hacen es paliar sus síntomas y permitir que el sujeto siga funcionando, que es lo que cuenta. He asistido a conferencias sobre la depresión en las que se empezaba por citar las pérdidas económicas debidas a las bajas laborales por depresión y se terminaba por considerar como mejor fármaco aquel capaz de reducir más estos días de baja y hacerlo a un menor coste. Sin comentarios. 

Luego, claro, siempre se han retirado los que producían algún tipo de euforia para evitar abuso. Tal es el caso del Survector. 

A los pacientes deprimidos se les suele dar un cóctel de antidepresivo y tranquilizante (menor, mayor o ambos) y se les va cambiando la medicación a lo largo del tiempo. Si se ponen demasiado alegres, se les dan neurolépticos, para luego volver a los antidepresivos, y así sucesivamente. Quizá se les diga que "su enfermedad se va a curar", pero no he visto a nadie que se escape de la cronificación. Y así es como se considera a la depresión de puertas para adentro: como una enfermedad crónica que siempre habrá que ir controlando. 

En el apartado "otros", hallamos básicamente aquellos fármacos que se emplean para la deshabituación. Aquí vemos que hay vicios y vicios: al fumador todavía se le considera un ser inteligente y se le da nicotina en forma de parches o chicles para que substituya los cigarrillos, y se le indica cómo debe de ir bajando la dosis, lo cual parece un modo razonable de dejar algo: ir bajando y aguantar, previo estar mentalizado, claro.

Pero a otros ya se les considera de modo distinto y se recurre a algo tan pedagógico como una descarga eléctrica si no te portas bien. Así tenemos la Carbamida (Colme) y el Disulfiramo (Antabús), que interfieren el metabolismo del alcohol, de modo que el que toma eso y bebe se pone mal a morir (con auténtico peligro para su vida) y se supone que así va a dejar de beber. 

A los jovenes se les dan antagonistas opiáceos (Naltrexona, por ejemplo), que son sustancias que bloquean los receptores opioides, de modo que si se pinchan, no sentirán ningún efecto. Se pretende, así, que crean entonces que "la droga no vale para nada" y se olviden, sin más... 

La Naltrexona (Antaxone), parece ser la quinta esencia del control de todo vicio: no sólo impide la acción de la morfina y derivados, sino la de las propias endorfinas que se generan cuando algo produce gratificación (tal es el caso del alcohólico: el alcohol le hace generar endorfinas y por eso bebe, a falta de otra cosa). Ese algo puede ir desde una sustancia hasta un comportamiento. 

Endorfinas, dopamina, lo que sea: llevan años buscando como locos cuál es el centro del cerebro que genera los deseos para anularlo y hacer que la existencia sea algo mecánico, insípido, y muy, pero que muy controlado. 

Así, el "psiquiatra", que por su nombre debiera ser experto en curar el alma, resulta ser un pávido funcionario de la técnica, experto en homogeneizar y llevar a la "normalidad" a todo individuo que de ella se aparte. Para ello irá dando palos de ciego con distintos fármacos hasta hallar la combinación de la cual resulte una mente que no busca, ni pregunta en un cuerpo que aguanta: el ciudadano que viene. androide-mano o robot-mano.

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Comentarios El drogo CORRIENTE

Demasiada verdad. Muy buen articulo. Ya que sabe tanto de los efectos adversos de estos medicamentos, me puede colaborar...pues estoy preocupada después de leerlo, llevo tomando el zolpidem 10mg por 2 meses y la mitad de la dosis por otros 2 meses. Cómo lo suspendo? A mi los doctores me dijeron que no tenia efectos secundarios, que me lo tomara el tiempo que quisiera y lo dejara cuando quisiera. Pero no es así. Me he sentido rara desde que lo tomo y si no lo tomo no duermo y me pongo peor. Qué hago?
gracias
maryan maryan 19/05/2010 a las 18:43
Quisiera saber porque razon estas medicada.
una forma de supenderlo es progresivamente, ir disminuyendo la dosis.
pero si me serviria mucho el dato de saber cual es la patologia diagnosticada.
estare pendiente!!!!
Én enero empecé a sentirme diferente, como apurada, todo lo hacia en un momento, de pronto sentía ganas de llorar. Empecé con dolores terribles de cabeza y no podía hacer nada, ni ver tv, ni hablar por telefono. Mi hermana es médico y me dijo que estaba intoxicada con medicamentos que estaba tomando para el colon, ya llevava mas de tres meses en tratamiento (aeroflat, spasmoment, trimebutina y otras que no recuerdo ahora).  No dormia y me aconsejó el zolpidem. Seguí con crisis de ansiedad horribles , no podía estarme en la casa y no querá quedarme sola, con mala memoria, me costaba recordar lo que me acababan de decir, no podia empezar a estudiar porque no aprendia con la facilidad de antes, aun veo un poco distorsionado, me parecia que iba a perder el control, me iba a volver loca,  sensación como de lanzarme de un piso alto pero esto si fué muy temporal. Mi hermana me aconsejó una doctora, neurologa pero ahora es ayurveda y me está tratando.  A veces pienso que estoy saliendo de esto yo solita. Ya voy por un cuarto de zolpidem pero si no lo tomo no concilio el sueño y la verdad aún no me siento como antes, si estoy mejorque al principio. Ya llevo más de 4 meses con esto. La dra. ayurveda hasta ahora me recetó unas vit para el crerebro porque me sentia muy agotada, me pesaban mucho los ojos y me sentia como retardada mental, más tonta (aunque aún me siento lenta mentalmente). Me mandó psicofos que es  piritioxina, inositohefasosfato y acido de calcio y magnesio, fosforo y magnesium t, además de unas hojitas de coca como té en infusión todas las tardes.
Si me puedes colaborar te lo agradezco, la verdad ya hasta miedo me da ir al médico...y mi hermana que la adoro y también lo es, fué la que me dijo que el zolpidem no tenia ningún problema y lo podía tomar hasta un año y no pasaba nada, que lo dejaba de un dia para otro, pero me doy cuenta de que no es así de fácil.
Tengo una cuñada que después de una lipectomia y liposucción quedó con depresión y también le mandaron el zolpidem..está peor que yo, con una lloradera y no sé cómo decirle que le baje a la dosis.
Mira, hasta meditaciones de kundalini yoga ( que ni sabia que existia eso) estoy haciendo de la angustia que tengo con esta situación.
Llevo ya 10 días con un cuarto de zolpiden (mk porque el de la santé me pone peor) y estoy tratando de no tomarlo pero ya a las 2, 3 de la madrugada me toca porque tengo cosas que hacer al dia siguiente.
Te agradezco cualquier ayuda.
Maryan
Ah...y gracias por informar a la gente, desde que leí tu blog me propuse a reducir la dosis, cosa que me ha costado pero es por mi bien.
maryan maryan 27/05/2010 a las 19:00

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