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El analisis de la percepcion del cuerpo por los adolecentes en el mundo actual

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Por: Eulalia Castrillón Simmonds, Olga Velasco Cajiao
Facultad de Ciencias Naturales Exactas y de la Educación, Universidad del Cauca.


 ANTECEDENTES 

 Esta propuesta analiza las representaciones e imaginarios que se dan en personas jóvenes que se caracterizan por la escritura sobre el cuerpo, en forma de los llamados piercing (perforaciones), tatuajes, pirograbados, cirugías e implantes.  

Surge como una necesidad de continuar en la línea de investigación sobre el significado del cuerpo iniciada con el trabajo “El análisis de la percepción del cuerpo por los adolescentes en el mundo actual” (Castrillón y Velasco, Noviembre 1.999), un estudio detallado sobre la imagen corporal, su importancia, estructuración, visión y significado para los jóvenes, no sólo en el aspecto físico, sino social y psicológico. Destaca los drásticos cambios en lo biopsicosocial y cognitivo que ocurren durante la adolescencia, el efecto de los mismos en la relación con la imagen corporal hasta entonces vivida, cambios que desestabilizan por completo al sujeto, llegando a afectar su percepción por la vida, su seguridad y hasta ocasionarles dudas sobre su aceptación social. 

Estos desajustes se expresan en manifestaciones para lograr establecer una comunicación más directa con su entorno. Entre las múltiples expresiones de los adolescentes en su afán de comunicarse con los demás y buscar un espacio, un reconocimiento, haremos referencia a aquellas que se escriben en el cuerpo, para tratar de encontrar algunas aproximaciones e interpretaciones y comprender qué motiva a los jóvenes a recurrir a las prácticas del piercing y el tatuaje como alternativas de comunicación respecto a la definición de su imagen corporal y la vivencia de su sexualidad.

   

REFERENTES CONCEPTUALES 

  

 TATUAJES  

“Dibujos que se graban en la piel humana” introduciendo materiales colorantes bajo la epidermis, por punzadas previamente dispuestas en un diseño.”[1] Esta costumbre estuvo muy difundida entre los pueblos primitivos pero no por eso su uso ha desaparecido de los países “civilizados”. En cuanto a su significación, parece que estos dibujos tienen mucho que ver como señal de identificación personal, deseos de perpetuar recuerdos, momentos, hechizos y protección en algunas tribus primitivas. Y sello de personalidad, vanidad, moda entre los jóvenes actualmente.  

“Un simbolismo genérico puede englobar tatuaje y ornamentación, ambos expresan la actividad cósmica. Pero la realización del primero sobre el cuerpo agrega otros sentidos importantes: sacrificial, místico y mágico” (E. Gobert, Notes sur les tatouages des indigènes tunisiens, citado por Cirlot[2], relaciona el tatuaje con el proverbio árabe “la sangre ha corrido, la desgracia ha pasado”. Todo sacrificio tiende a invertir una situación por la acumulación de fuerzas de canje. El motivo místico lo hallamos en el fundamento mismo de la idea de marca. El que se marca a sí mismo desea señalar su dependencia ante todo aquello a lo que el signo alude. Las señales y grabados en las cortezas de los árboles, las iniciales y corazones incididos a punta de alfiler en la piel por los enamorados son claro indicio de éste significado. Aparte de éstas causas, los etnólogos han encontrado otras dos: el tatuaje como signo que distingue sexo, tribu y rango social (Robert Lowie, Antropología cultural), y la profanación simple del sentido místico y como medio para aumentar la belleza. 

  

 PIERCINGS (PERFORACIONES) 

 Agujeros que se hacen en distintas partes del cuerpo donde se incrustan objetos de joyería en diferentes metales. La cultura de ancestros indígenas y africanos en su ideal por adornar el cuerpo, se revive actualmente entre adolescentes con la moda del” Piercing” o perforaciones corporales, esta costumbre que se veía como algo que tipificaba lo “incivilizado “ renace hoy entre jóvenes de ambos sexos. Anteriormente mirar los grandes agujeros en la nariz, la boca, las orejas, era calificada con connotaciones atávicas, casi absurdas e incomprensibles. 

  

MARCA  

La marca como sello, signo o señal tiene relación con el tatuaje, máxime si es corporal, en forma de pintura o de ornamento (insignia). Tales marcas pueden tener un significado ocasional, derivado de una circunstancia (luto, rito de iniciación, etc.) pero su sentido más profundo las emparenta con las cicatrices, como huella. Lo marcado se distingue, esta es la idea originaria y dominante del simbolismo de la marca, de toda marca. Se quiere pertenecer a algo de lo cual se adopta el distintivo o se expresa la propia originalidad mediante signos determinativos o inéditos. La creación artística o espiritual, el desarrollo de la personalidad, la máscara, las peculiaridades del vestir y del actuar son derivaciones de éste símbolo esencial de lo marcado[3]. 

  

SIGNO  

Según Ramón Llul, “la significación es la relevancia de los secretos que son mostrados con el signo”, tesis que acentúa el valor del signo como hecho y realidad. Para Stanislas de Guaita (Essais de Sciences Maudites, II. París, 1915), el signo es el punto de apoyo que requiere la voluntad (o la conciencia) para proyectarse hacia un objetivo prefijado. La concreción, el síntoma de una realidad invisible e interior y, a la vez, el medio de recordar al pensamiento esa realidad en un aspecto determinado. Determinación y sentido son inmanentes en el signo, todo cuanto existe como signo es factible de “lectura”.[4]  

  

CICATRICES  

Señal que queda en la piel después de curada una herida o una llaga. Impresión que queda en el ánimo por algún sentimiento pasado.[5]

Ciertos elementos de la realidad, sin ser símbolos en sí o sin haber sido aún analizados en su significado, es evidente que lo poseen. Milton dice que el rostro de Satán “está surcado de cicatrices del rayo”. Lacroix, en Rostros de la Fe, indica que “ciertamente los estigmas de la maldición original se leen a veces en los bellos rostros de estos objetos codiciados”. Imperfecciones morales, sufrimientos son pues simbolizados por heridas y por cicatrices de hierro y fuego[6].

   

PROBLEMA  

¿Qué significado tiene lo sexual respecto a manifestaciones como el piercing y el tatuaje, siendo el cuerpo el territorio sensorial más significativo en la comunicación, y la piel la zona erógena por excelencia?  

¿Qué nos está diciendo ese (a) joven, respecto su historia personal resultado de una cadena de significantes, que le señalan cómo asumir su cuerpo dentro de una cultura impregnada de un imaginario que debe estar acorde con un lenguaje compartido con sus pares?

  

 JUSTIFICACIÓN 

  

No puede dejar de asombrarnos qué representa desde la comunicación consigo mismo(a) y con los otros, el tatuarse, el abrirse orificios en el cuerpo y preguntarnos cómo están hablando estas expresiones si pensamos en el cuerpo como una página dispuesta a ser escrita por nuestra psiquis.  

Es entonces importante el pensar en la representación que estos individuos tienen de su cuerpo, su esquema corporal, cómo lo han construido y en qué forma estas marcas están demarcando precisamente allí, donde podría existir la falta.  

Buscar respuestas nos remite a mirar la historia personal del (la) joven, la forma de vincularse consigo mismo y con el otro. Ese otro que fue y sigue siendo un punto de referencia para asignarse un lugar, una identidad en el mundo de los significados. Si se pretende entrar en el juego de la conquista, de convertirse en un objeto sexual asequible y disponible, o en un objeto que amenaza, que transgreda la norma social. Por ejemplo, convertir este juego de adornos en el cuerpo en fetiches que representen completud y permitan el goce perfecto en la unión genital. Este último es nombrado muy a menudo por los usuarios del piercing quienes sugieren que es un excelente atributo en el juego sexual, generador de gran placer.  

Pero, ¿cómo es que estos orificios entran a significar completud, a constituirse en accesorios casi irreemplazables para llegar al goce?  

¿Cómo estas manifestaciones pueden expresar la historia sexual y erótica del sujeto?  

¿A qué zona de su cuerpo está dispuesto a centrar la mirada del otro y qué le devuelve o le quita esta mirada en relación con la propia imagen?, ¿Cómo lo nombra?  

Estas prácticas culturales (el piercing y el tatuaje) son características de la adolescencia y/o en su defecto de personalidades adolescentes, por lo tanto, para entender este fenómeno es indispensable hablar sobre el adolescente, sus hitos evolutivos, sus temores y dudas, sus procesos de identidad e identificación, de diferenciación y masificación, para, de esta manera, tratar de entrar en su mundo, el general y el específico, y entender sus prácticas.  

El ser adolescente no es lo mismo en todas las culturas, ni en todos los tiempos. Hoy menos que nunca, cuando la globalización ha dado lugar no a una forma de ser joven o adolescente, sino a varias que se inherban en lo que les es común. Creemos de este modo, importante contextualizarlo en la cultura postmoderna en la que esta práctica renace y el lugar del adolescente en ella. 

  

  

OBJETIVOS  

- Relacionar los diversos discursos corporales y verbales que sobre el cuerpo escriben y expresan los jóvenes en prácticas como el tatuaje, el piercing, pirograbados, cirugías, implantes, como lenguajes del imaginario individual y colectivo para expresar seducción, identidad, poder o afirmación en la vivencia de la intimidad.  

- Comprender qué motiva a los jóvenes a recurrir a estas alternativas de comunicación, relacionando estudios de casos que exhiben estas prácticas, respecto a la definición que tienen de su imagen corporal, su historia de vida y la vivencia de su sexualidad. 

   

 MARCO TEÓRICO 

  

 EL TATUAJE Y EL PIERCING EN EL NUEVO MILENIO. 

  

 Culturas Primitivas 

  

Casi en todas las culturas a través de la historia aparece la inserción de objetos en el cuerpo y el teñido de la superficie de la piel con el objetivo de adornar la apariencia física, a menudo basados en creencias religiosas y místicas.  

Los más antiguos monumentos de la prehistoria señalan la existencia de tatuajes encontrándose en Egipto, donde según el arqueólogo Cola[7], las sacerdotisas de la diosa Hathor mostraban tres filas rayadas en el bajo vientre, el mismo autor enumera también las principales técnicas de tatuaje: punción, sutura, cicatriz por corte o quemadura.  

En los pueblos primitivos las principales formas que adopta el tatuaje son: rayas, puntos, asociación de ambos elementos, números expresados por ellos, cadenas, nudos, cruces estrellas, triángulos, rombos, círculos, o combinaciones de dos o más de los citados grupos y figuras antropomórficas muy estilizadas [8].  

Las investigaciones arqueológicas han encontrado en Egipto y Macedonia, joyería de adornos para las orejas que se registran desde 2000 años antes de Cristo, y muchas culturas contemporáneas han preservado a través del tiempo estas costumbres de usar aretes, narigueras, y perforaciones en los labios como un rito que determina el paso de la infancia a la juventud.  

Nuestra propia cultura occidental maneja aún la práctica del piercing en las orejas con un sentido cosmético.  

Hasta 1.960, la práctica de perforarse las orejas para usar joyas era común entre las mujeres del “mundo civilizado” tanto en Oriente como en Occidente. En los últimos quince años esta costumbre se ha vuelto muy popular tanto en hombres como mujeres, y no sólo en las orejas, sino también en la nariz o donde les place (lengua, pezones, ombligo, etc.).  

Así como hoy existe un lugar para el adorno sobre el cuerpo en la cultura occidental, en las culturas naturales que aún se conservan, se hace uso de estas prácticas. Estos pueblos son parte de nuestro registro ontológico y es por esto importante revisar su visión, postura y significado. Quizá desde aquí nos orientemos para poder entender este producto cultural y su significación mas íntima y primitiva.  

En las culturas naturales es común que los hombres adornen su cuerpo y se embellezcan, mientras las mujeres visten de manera austera. En situaciones de guerra, los guerreros aparecen pintados con escudos de colores llamativos. Describir la gama de adornos que la fantasía ha creado a través de los tiempos y en las diferentes culturas es casi imposible. Sin embargo, el adorno puede ser categorizado: está el adorno individual con el que el individuo pretende engalanarse, también el adorno social prescrito al individuo por la comunidad tribal, en algunas ocasiones estos adornos representan distintivos del sexo, en otras son propios de la edad y presentan formas muy diversas. Y por último, están los distintivos de asociaciones de parentesco (dignidad, clase social, madurez sexual, etc.).  

Así pues, los adornos masculinos de estos pueblos primitivos se dividen en dos clases. Por una parte, los adornos que procuran un aspecto amenazante, para asustar al enemigo en la guerra y aumentar el efecto de sus armas. Y por otra parte, el parecer atractivos para el sexo opuesto.  

En la cultura samoana el sentido del tatuaje alude al compromiso del hombre, cabeza de familia hacia sus allegados y frente a la colectividad. De hecho, cuando un hombre joven se hace tatuar, se hace responsable de muchos de los aspectos que atañen al grupo. Con el tiempo podrá obtener el cargo de jefe, su familia se encomendará a él y le servirá. Impartirá justicia y deberá estar preparado para cualquier problema en caso de disputas o roces.  

Muchos tatuajes se expresan a través de líneas que representan la importancia del propio árbol genealógico. Se trata de signos muy importantes, esenciales para la existencia puesto que dan a cada uno conciencia de sus propias raíces.  

Cuando en Samoa no existían las escuelas, el jefe era formado según los códigos y los principios de la cultura samoana, siguiendo un proceso temporal natural subdividido en tres etapas: Adolescencia, juventud y madurez. Tatuarse constituye aún una experiencia obligatoria para demarcar esas etapas, una prueba de carácter que debe superarse antes de poder ser considerado como un adulto consciente y responsable. Ningún hombre puede rechazar ser tatuado y al tatuaje en sí lo siguen muchos otros acontecimientos. Ninguna mujer podrá ser cortejada por un joven no tatuado.  

Los hombres jóvenes sin tatuajes son llamados “estómagos amarillos”, sin coraje. Someter al hombre a un fuerte dolor era un aspecto fundamental, puesto que representaba una prueba de resistencia y de paciencia antes de convertirse en jefe. El tatuaje Samoano no expresa rebelión sino armonía, nacionalismo, responsabilidad y conciencia de los propios avances personales, ya sean vinculadas a la edad de la persona o a su grado social. 

Los adornos pueden ser permanentes como tatuajes, cicatrices, deformaciones del cráneo, cuello, labios, orejas u otras partes de cuerpo. El más popularizado que se registra es el tatuaje, el cual está bastante difundido tanto en el mundo nativo como en el occidental. O en su defecto, como ocurre con las tribus de color negro, el adorno a través de la cicatrización para que sea percibido a través del relieve. En la actualidad esta aparece como nueva técnica alternativa al tatuaje en las tribus y culturas urbanas. 

  

  

 Tatuaje, piercing, sexualidad 

 Gran parte de estas expresiones en el cuerpo, principalmente los tatuajes y piercings, pretendieron exaltar la sexualidad, señalizando los órganos sexuales e incluyéndolos como parte de los rituales que determinaban la llegada de la juventud.  

Para el adorno femenino, la motivación pareciera la de presentarse más atractivas o como aseguramiento de la propiedad de su hombre, de modo que fueran indeseables para cualquier otro. Este es el caso de los labios de plato de las tribu de Chad, quienes lo iniciaron para evitar ser objetivo de mira para los cazadores de esclavos[9].  

La mayoría de pueblos y grupos étnicos han creado y descubierto expresiones como éstas que permiten la excitación sexual de sí mismos o de su pareja.  

Ford y Beach consideran el cuidado del cuerpo y el despioje como una forma de conducta de introducción a una relación sexual. Es aquí donde aparece el adorno como medio de seducción y de excitación. Adorno que toma formas de plumas, maquillaje y también incisiones sobre el propio cuerpo que en la mayoría de los casos culminan en el acto sexual[10]. 

El antropólogo Bryk describe una tribu, los Kikuyus, donde todos los hombres son circuncidados sólo a medias, o sea, que la parte inferior del prepucio no es separada del pene, sino que queda colgando de él toda la vida. Para las tribus vecinas, estos tienen dos miembros. Este constituye un obstáculo para el acto sexual, pues no pueden introducir el pene en la vagina. A las mujeres de la tribu les ha sido extirpado el clítoris. Otra tribu descrita por el mismo autor, marca el cuerpo de sus mujeres alargando los labios menores de esta a través de un delantal del que cuelgan piedrecitas, antes de llegar a la pubertad. Esto, según describe el autor, aumenta el goce de la mujer en el acto sexual, un estrechamiento del conducto vaginal con el subsecuente aumento del placer del hombre. A veces se alargan también el clítoris. Aunque el aspecto, según Bryk es muy desagradable, la mujer que no lo tenga raramente accede a la vida de pareja. Esta práctica es infundida por las madres y demás mujeres de la comunidad quienes inducen a las muchachas a la formación del mfuli, peculiaridad[11].  

En otras culturas descritas por Karl Heilbig, es el hombre quien interviene sus órganos sexuales para procurar mayor placer a la mujer. Este es el caso del “palillo de pene” el cual consiste en perforar el glande con una aguja de plata y el canal se mantiene abierto hasta la curación de la herida. Antes del coito se introduce el palillo en ese canal el cual tiene diversas formas y texturas. O, por ejemplo, en Java, donde se acostumbra envolver el miembro viril a excepción del glande, con piel de cabra. Todas estas prácticas llevan el nombre de “refuerzos de pene”[12]. 

  


De la Modernidad al Mundo Contemporáneo 

El periodo histórico conocido como Renacimiento se inicia en Florencia a comienzos del siglo XV y rápidamente se diseminó por la mayor parte de Italia y de los países mediterráneos, es su furor en 1560.  

Algunas personas interesadas en conocer las raíces históricas, plantean que el renacimiento del tatuaje y el piercing, empieza 400 años después, en 1.960. Estas prácticas, no eran consideradas un arte y se relacionaban más como un souvenir o el deseo de perpetuar un recuerdo, tal era el caso de los marineros.  

La influencia que las antiguas culturas ejercen sobre las obras de arte moderno, se ve actualmente transformada en nuevas tendencias y estilos, y esto también ocurre en la investigación estética relativa al tatuaje y al piercing que quizás nunca como en el momento actual se reviven, como lo demuestra su popularización.  

“Según un reciente estudio publicado en un periódico Italiano, se estima que en el año 2.010, el 80 por ciento de la población mundial estará tatuada”. Significaría esto en definitiva que el tatuaje especialmente, se convertirá en una parte integrante de cada uno, con una gran aceptación por parte de la sociedad[13].  

Si pensamos en la sociedad postindustrial en la que se gesta la cultura postmoderna, tenemos que tener en cuenta el cambio que ha tenido el consumo y los medios de comunicación. Es importante subrayar que la postmodernidad en los países subdesarrollados se vive de manera diferente que en los industrializados. Sin embargo, gracias a los medios masivos de comunicación no nos libramos de su influencia.  

Estamos en la opulencia del consumo, vivimos en función de éste y por ende de la imagen. Es así como el marketing maneja la economía y el orden político actual. Esta cultura de la imagen ha dado lugar a una estética diferente donde lo importante no es lo funcional sino lo llamativo, lo diferente, las formas que no tienen razón de ser.  

En este sentido la comunicación máxima sería: “no lo diga..., muéstrelo”. las tecnologías audiovisuales avasallan dándole forma (más que fondo) a la cultura postmoderna, la cual surge como un descontento sobre las propuestas ideológicas e idealistas de la modernidad quitándole todo el peso a estos discursos pues se encuentran desencantados sobre su factibilidad. Ante esto lo postmoderno impone una moda: la de la imagen y la publicidad (convirtiendo a esta última en un arte).  

El hombre postmoderno denigra de la socialización disciplinaria terminando inmerso en el individualismo. Esta es una sociedad flexible basada en la información y la estimulación de las necesidades. Así pues, hay una ausencia de trascendencia, o sea de vida consagrada a un ideal.  

El paradigma es mantenerse joven, lo importante es destacar el cuerpo, acompañado de una exaltación de los sentidos, de un hedonismo que inclusive conspira contra la salud. Contrario a lo planteado por Platón, seríamos cuerpo y no alma. Un cuerpo cuyas necesidades deben ser satisfechas constantemente, por esto busca el consumo, la comodidad, los objetos de lujo, el dinero y el poder.  

La sociedad se encarga, por medio de instancias como la publicidad, los medios de comunicación, la moda y la cultura del consumismo y de la farándula de reproducir dinámicas al interior de sus miembros. Para esto se utilizan mensajes verbales y visuales que ostentan una “neutralidad”, logrando instituirse en la sociedad, inscribiendo implícitamente una normatividad sobre lo deseable, marcando lo que es prestigioso, presentando una posición, un lugar, en sí una identidad construida en la retórica de la mercancía. 

 

LA ADOLESCENCIA  

La adolescencia es una etapa del ciclo vital que va desde los 12 años hasta más o menos los 20 años, en la que los cambios a nivel orgánico, remiten a una conciencia diferente de su propia vida, y por ende, lleva consigo unas significaciones particulares.  

Durante esta etapa juega papel importante el trabajo de la imaginación y el impulso poderoso de la afectividad que hacen que el joven se proyecte fuera del ámbito tradicional de la niñez para buscar un reconocimiento social en el mundo adulto, creado precisamente con los valores que la sociedad ofrece en ese momento.  

El joven, al descubrir su propia valoración como persona humana, puede presentar, al tratar de afirmar su yo, diferentes formas de conducta entre las cuales la más importante la REBELDÍA, que no es sino el afán de integrarse al mundo social de los adultos, por eso una de las notas características de la adolescencia es indudablemente su tendencia a presentar conductas de oposición, frente a los valores tradicionales, sociales o familiares. 

Estas reacciones de rebeldía son un medio que el adolescente emplea para buscar la afirmación del yo. Se muestra intolerable ante ciertas formas de autoridad que considera inadmisibles, otras veces la rebeldía surge porque ante sus inquietudes nuevas experimenta incomprensión por parte del medio social y entonces, como un mecanismo de compensación, adopta una actitud de protesta.  

Con la adolescencia se despiertan una serie de necesidades nuevas, confusas junto a la preponderancia de los sentimientos debido a la riqueza de la vida emotiva e imaginativa, con la consecuente aparición del interés sexual. Es la edad en que el joven comienza a interesarse por su apariencia física, peso, talla, imagen constituyen un verdadero trauma.  

Para entender al joven de hoy y sus procesos de identidad es indispensable indagar el lugar que la sociedad le da. Si partimos de que nos encontramos inmersos en la globalización, a pesar de ser Colombia un país tercermundista, es fundamental contextualizar el lugar del joven en la cultura postmoderna.

   

 La adolescencia en la cultura postmoderna  

Ser joven se ha vuelto prestigioso. En el mercado de los signos aquellos que expresan juventud tienen alta cotización. Por esto, muchos acceden a signos popularizados por los medios que resaltan la apariencia juvenil buscando la legitimidad y valoración por intermedio del cuerpo. Esto da lugar a la juventud-signo, independientemente de la edad (juvenilización). La juventud, desde esta perspectiva se puede adquirir en el mercado, así pues da cuenta del reciclaje del cuerpo y de la imitación cultural.  

El modelo del joven se ha construido en la retórica de la mercancía, un patrón estético ligado a los significantes del consumo.  

La postmodernidad propone a la adolescencia como modelo social, “adolescentiza” a la sociedad misma, lo que se denomina comunicación demuestra que el hemisferio no verbal ha acabado por vencer, el clip ha dominado a la conversación, la sociedad ha acabado por volverse adolescente”. El habla del hemisferio derecho, el no verbal, el de la creatividad, la fantasía, la imaginación, donde los jóvenes se comunican casi exclusivamente por imágenes[14].  

Desde la aparición del psicoanálisis, el valor investigativo lo había tenido la niñez. La adolescencia no pareciera ser tan interesante, pero ahora nos encontramos con que estos jóvenes ocupan un gran espacio. Los medios de comunicación los saturan con publicidad y productos. Algunos de los problemas más serios de la sociedad actual los escogen como víctimas principales (violencia, adicciones, delincuencia, trastornos de personalidad, etc.). El cambio sobre la percepción de la adolescencia es grande.  

Hoy por hoy, la adolescencia tiende a prolongarse en el tiempo y no es vivida como una etapa incómoda o de paso, como fue en el pasado donde se esperaba con ansia salir de ella. Ahora pareciera que todos la percibieran como el estado casi ideal donde se prolonga lo bueno de la infancia con la libertad de los adultos. Así, ya no es considerada como una crisis sino como un estado. Esto puede ilustrarse así “en la sociedad actual, los jóvenes no esperan el momento de vestirse como sus padres, son los padres los que tratan de vestirse como ellos”[15]  

La relevancia que se le da hoy al adolescente se puede ver enmarcada en la publicidad y el mercadeo, en estas prácticas al adolescente se le cuida y estimula como consumidor. Igual en los medios masivos de comunicación se le institucionaliza y glorifica.  

Se hacen evidentes otras formas de acceder a la socialización. Muchas de las prácticas culturales de los jóvenes más que nada ponen en evidencia el cuestionamiento que se le hace a la autoridad de los adultos, la patriarcal. Su socialización no está solamente en manos de las instituciones tradicionales (familia, escuela, etc.) sino también en las de otros espacios y actores: los pares, los medios de comunicación, etc.  

La juventud es concebida como un actor social, con estatuto propio en los espacios de opinión publica, con la sensibilidad y la expresión de amores y desamores, cosmovisiones e ideas sobre la vida y la muerte, con tránsitos, apropiaciones y resignificaciones urbanas, con procesos de construcción de identidad individual y adscripciones e identificaciones colectivas.
  IDENTIDAD  

Identidad: relativo a idéntico, que hace relación con lo que sólo se parece a sí mismo, único. En la adolescencia más que en ninguna otra etapa de la vida, la búsqueda de identidad se intensifica en el campo físico, cognitivo, y en el desarrollo social, emocional y sexual, en la medida en que empieza el adlescente a sentir que tiene que buscar un lugar y una posición en el mundo y un reconocimiento primero entre su grupo de pares y luego en el mundo de los adultos. 

Cuando no existe un patrón de identificación dentro del grupo familiar, el adolescente tiende a buscarlo en los modelos que la sociedad y los medios de comunicación le ofrecen: actores, cantantes, deportistas, los ídolos de la niñez se sustituyen por los nuevos héroes, imitan su forma de vestir, peinar, hablar, aparecer. Esto, en el fondo, es una forma de oposición a la autoridad o en su defecto, a la ausencia de la misma. 

Estas crisis de identidad generan la necesidad de asociarse o vincularse con alguna tarea o actividad o grupo, que los mantiene de alguna manera atentos y fieles a ella. Erik Erikson la va a llamar “la virtud de la fidelidad”[16]. Esta implica identificarse con una serie de valores, una ideología, o algo que le dé un referente, un punto de vista. 

Para Erikson la adolescencia es una etapa donde está presente el conflicto entre Identidad vs. Confusión de Identidad. Y resolverla, implica volverse un adulto que sabe cuál es su rol y qué lugar ocupa en el mundo, propósito que algunos hombres y mujeres no alcanzan, conformando una personalidad adolescente[17]. 


CUERPO, PIEL, SEXUALIDAD, CULTURA  

El cuerpo en el joven, en tanto territorio de inscripción a las diferencias sociales, ha sido legitimado por los medios de comunicación, pero pervirtiendo su sentido, instituyéndolo vacío. En este cuerpo se involucran las disposiciones habituales, las posturas, los gestos, el volumen, la forma, tono, tensión. Los adornos a los que acceden, cómo lo visten y lo exhiben. Esto enmarca la forma de interacción social. Es un mensaje mudo que se expone al otro para que sea leído. Una forma que muestra cómo algo se ha ido y ha cambiado, la presencia de algo que está ausente. A primera vista el cuerpo no tiene profundidad y en esa medida es minimizado el mensaje que trae consigo sobre las problemáticas y situaciones que el sujeto y la sociedad en general está afrontando.  

La apariencia, forma que toma el cuerpo, es el resultado de un interjuego de factores sociales como la educación, los trabajos, la cultura alimentaria, historia familiar, hábitos incorporados sobre gustos y preferencias, el cuidado, la salud, los modos de esparcimiento, en general el lugar que se ocupa en el espectro de la diferenciación social.  

Cuando hablamos de la juventud, uno de los primeros datos que aparece es la apariencia física. La estética en la que se encuentra inmersa esta generación. Esta no se puede generalizar pues cambia y se va renovando en el tiempo y los lugares.  

Para el psicoanálisis, el concepto del sujeto aparece ligado con el universo de la palabra y con la idea de que el existir como hombre significa existir en un mundo donde los sujetos no tienen una existencia natural sino que son propuestos en la cultura a través de un sistema lingüístico[18].  

Es ante todo el Psicoanálisis, la teoría que da lugar a la concepción del cuerpo con sus exigencias y pulsiones, su verdadera dimensión como objeto de estudio, “El Psicoanálisis vino a ser algo así como la ruptura de la ruptura, dando al cuerpo el valor y el derecho a existir en sí y de por sí”.[19]  

El cuerpo pasa con Freud a dejar de ser un objeto silencioso y supuestamente obediente, a tener como ELLO, su propia espontaneidad sus normas y sus intentos constantes de manifestarse. La Psicología de la personalidad de Freud sitúa el cuerpo en un lugar prioritario: “La Psicología es asunto de la mente y del cuerpo, pero no podemos olvidar que las vivencias se manifiestan a través del cuerpo y que mi yo es un yo corporal”[20].  

El “yo corporal” de Freud es un concepto reducido a lo libidinal pero su teoría ha tenido una decisiva importancia para comprender el papel del cuerpo en las primeras experiencias, tales como la sensación de abandono, de dominio, de construcción del propio organismo o de orientación en el mundo. El niño vive su cuerpo inicialmente en función de las experiencias de placer o displacer que se suceden a lo largo del desarrollo de su sexualidad ya que según Freud se vive el cuerpo como “pulsión sexual”[21]. El cuerpo del niño es como un mosaico de zonas erógenas que se van satisfaciendo o no. Por eso, luego cada persona vive su cuerpo según su propia historia, según las experiencias personales de satisfacción o de frustración de la líbido.  

Adler discípulo de Freud interpreta el cuerpo en relación con el ansia de poder. Concede gran importancia a la carga emocional que representa para el individuo las características de su propio cuerpo. Cuando las capacidades corporales no se adecuan a lo deseado, el sentimiento de inferioridad se exaspera y puede ser el núcleo de las neurosis. También para Adler el cuerpo viene a ser el núcleo de la personalidad.  

La piel, la zona erógena más extensa del cuerpo, tiene un lugar fundamental en la formación del aparato psíquico y la adquisición de la identidad.  

Unlik plantea que las funciones de la piel pueden ser paradójicas, por un lado es receptora de estímulos externos, receptora de estímulos internos, pantalla de proyección de dichos estímulos, pantalla de proyección de anti-estímulos, límite exterior del cuerpo (separa un adentro de un afuera), órgano de intercambio con el exterior[22]. Agrega que puede ser percibida subjetivamente como medio de contacto con los otros, como envoltura de contenidos internos poco organizados, como representante de la identidad, la autoimagen, como representante de lo limpio y lo sucio, como fuente de excitación sexual, Freud la consideraba la zona erógena por excelencia.  

Carl Gustav Jung, otro de los grandes del psicoanálisis, añade al cuerpo una connotación que tiene que ver con los límites del cuerpo representados en “la Mandala”[23] como símbolo de seguridad y de la propia identidad. –La piel, sería la mandala primordial- que viene a separar la esfera del”yo del “no yo”. Karen Machover con sus interesantísimas técnicas proyectivas sobre el dibujo de la figura humana, y su interpretación para el reconocimiento de importantes aspectos de la personalidad, tiende a identificar cuerpo y yo, de tal manera que el concepto del yo resulta de la constante retroalimentación entre el cuerpo, entidad física, y el cerebro, considerando además que “el cuerpo y el yo” son los puntos de referencia más íntimos de cualquier actividad.  

La personalidad no se desarrolla en el vacío, sino a través del movimiento, la sensación y el pensamiento de un cuerpo determinado, siendo el cuerpo con sus tensiones viscerales o musculares, el campo de batalla donde se enfrentan las necesidades y presiones, representando por tanto el núcleo de la personalidad.  

J. Lacán considera fundamental en la constitución del yo, la integración de la imagen corporal o esquema corporal como también la denomina la Neurofisiología y la Psiquiatría. En cualquier caso y bajo cualquier nombre si nos situamos en el campo psicoanalítico como si lo hacemos en el de la psicología experimental o la patología, la imagen del cuerpo se constituye como centro de la conciencia de uno mismo y como centro ordenador de las experiencias humanas primarias[24].  

 Todos nosotros tenemos una Imagen mental de nuestra propia apariencia, que es algo más que una imagen en un espejo y puede o no aproximarse mucho a nuestra apariencia real.  

Aunque se trata de un fenómeno enteramente psicológico, la imagen corporal abarca la visión que tenemos de nosotros mismos no solo física, sino también fisiológica, sociológica y psicológica. En la literatura, en la filosofía ha sido denominada, con variaciones secundarias, autoconciencia concepto del yo, él yo corporal, la identidad personal, el esquema corporal etc.  

Como quiera llamársele, lo importante es reconocer como todas las facetas de la personalidad y de la adaptación social están afectadas por la configuración, funcionamiento y percepción del propio cuerpo. Desde la relación cómo me veo, cómo creo que me ven y cómo soy visto. Nuestro cuerpo aparece socialmente desde que nacemos como el lugar de todas las tensiones, primero entre lo cultural y lo biológico, pero también entre lo ético y lo moral, entre el deseo y el deber y entre el saber y el placer. La imagen corporal así entendida nos coloca frente a la relación existencial de entender que mi cuerpo es mirado permanentemente, es asediado por la mirada del otro. Mientras yo asedio al otro con mi mirada, yo soy mirado con la mirada de otro. Un sujeto es mirado desde el interés del que mira. Cuando yo hago conciencia de lo que miro, hago conciencia de cuál es la imagen que doy. Es intuir que mi actuar genera sentimientos a alguien y ese alguien me devuelve esos sentimientos de alguna manera, esto nos lleva al asunto de la otredad, es decir: “yo valgo con relación al otro y tú vales, con relación a mí...”.  

"En cierto modo podría decirse que el cuerpo no puede mentir y cuando a base de un

cuidadoso entrenamiento logra modificar todas sus señales delatoras, termina por modificar también el alma de su dueño" [25] 

   

  HISTORIAS 

  
En un intento por articular estas conceptualizaciones con las vivencias jóvenes usuarios del piercing y tatuaje, consideramos importante transcribir algunas de las entrevistas que realizamos, para a partir de las mismas entrar a reflexionar, postular algunas ideas y plantear caminos que nos permitan seguir avanzando en la comprensión de estas prácticas culturales.  

TATUAJE 

Caso 1. 

Carlos, 22 años, estudiante retirado de tercer semestre de música.  

¿Qué piensas del tatuaje?

R. Por un lado es moda, para otros una forma de pensar en el arte, para mí la forma de llevar el arte en mi cuerpo.  

¿Constituye el tatuaje un medio de comunicación? 

R. Definitivamente sí... yo a veces estoy por allí en la calle y alguien me ve, inmediatamente surge la pregunta: ¿quién te lo hizo? ¿Porque te lo hiciste? Y a través de él entablamos un diálogo... el tatuaje se convierte en un motivo. Yo les cuento que soy tatuador, que aprendí en mi cuerpo. Cuando me sentí capaz, empecé a tatuar a otras personas, luego se convierte como rayar un papel...  

¿Qué símbolos has escogido para tus tatuajes?

R. Tengo de todo... todo mi cuerpo está tatuado. Me gustan los tribales, me llaman la atención las culturas indígenas y primitivas, africanas y polinésicas. 

¿Y los demonios? 

R. Simplemente me llaman la atención como arte.  

¿Tienen algún significado metafísico?

R. No, simplemente arte.  

¿Qué impacto producen en la gente?

R. De una vez me tildan de satánico, pero no lo soy. Constituyen un vehiculo que facilita la comunicación sexual. El tatuaje no tanto... aunque inicia una conversación. El piercing, sí... yo creo, como un estimulante... depende de donde uno se lo ponga.  

Historia personal

Soy el tercero de cuatro hermanos. Mucho tiempo la pasé con mi familia, luego se pierde el interés... hay un punto en que los problemas, las peleas entre hermanos y los papás tomando partido lo aburren a uno. A mi papá casi no lo conozco, siempre se la pasa viajando, es malgeniado, nos castigaba con prohibiciones o correa. Mi mamá interviniendo a favor... mi papá y mi mamá son muy conservadores, muy tradicionales, muy enchapados a la antigua.  

¿ Qué relación encuentras entre el tatuaje y el piercing?, 

R. No tengo piercing pero me gustaría hacérmelos.  

¿Dónde?

R. En las tetillas o debajo del labio, estos sitios me gustan, me llaman la atención.  


Caso 2. 

Víctor, 21 años, estudiante de séptimo semestre de arquitectura.  

¿Qué piensas del tatuaje?

R. Me gusta, me parece artístico. Tengo un tribal... al principio me hice uno y quedó mal hecho... además muy simple. Busqué en una revista un modelo, lo sacamos aparte, lo diseñamos con Carlos y combinado con el anterior salió algo original. Lo tengo en la espalda, en el lado superior derecho.  

¿Constituye un medio de comunicación?

R. Sí, siempre es una pregunta, un inicio de un tema.  

¿Qué impacto produce en la gente?

R. En mi familia, mi mamá criticó el tamaño, pero con el tiempo se ha acostumbrado al motivo. Facilita la comunicación, por la curiosidad que despierta en el otro para que uno lo muestre: “Quítate la camisa, déjamelo ver”, se atrae una mirada, se inicia una comunicación y también una caricia...  
Historia Personal

Mis papás se separaron hace cuatro años por problemas de alcoholismo de mi padre. Ahora ya no trabaja... vive lejos, pero sigue en su mismo cuento: bebiendo. Mi mamá tiene una panadería...  

¿ Qué relación encuentras entre el piercing y el tatuaje?

R. Para mí, ninguna. No me llama la atención el piercing. En cuanto a los piercings, no me llaman la atención... no me haría uno... ¡cómo dolerá! El tatuaje duele, y hay lugares en que duele más. Hay que cuidarse, como si fuera una herida... tomar precauciones: nada de sol, no consumir alcohol, ni piscina, cubrirse continuamente de vaselina... La cicatrización sólo se logra con el tiempo. 

  
Caso 3 

David, 19 años, estudiante de grado Undécimo de Secundaria, hermano de Víctor.  

¿Qué piensas del tatuaje?

R. Me gustan mucho. Tengo uno en el hombro. Dicen que es un demonio, pero yo no lo veo como tal sino como un arte.  

¿Por qué escogiste este símbolo?

R. Porque me gustó el modelo: me parecen interesantes las curvas que se manejan.  

¿Qué impacto produce en la gente?

R. La gente siempre me ve como un satánico.  

¿Facilita la comunicación?

R. Sí, se empieza un diálogo... es una atracción sexual... es un medio de comunicación, se entabla un encuentro. También cuando se está elaborando el tatuaje, se establece una gran relación con el tatuador, uno nunca olvida ese momento. El alcohol facilita el momento, después ya no porque hay que tomar antibióticos.  

  

Caso 4. 

Adriana, 11 años, grado sexto.  

¿Qué piensas del tatuaje? 

R. Me llama mucho la atención, tengo un tatuaje en la espalda: un sol.  

¿ Constituye un medio de comunicación? 

R. Sí, el tatuaje es el motivo para conocerse. Mis amigos comienzan a decir: “yo también tengo uno, míralo”... y así comenzamos a conocernos. 

¿Por qué el símbolo del sol? 

R. Mi mamá me lo ayudó a escoger. Mi papá no se ha dado por enterado.  

¿Qué impacto produce en la gente? 

R. Mi familia renegó un rato. Yo vivo con mis abuelos y la familia de mi mamá... a mi abuela no le pareció.  

¿Que relación encuentras entre el tatuaje y el piercing? 

R. Ambos me encantan. Yo me iba a hacer un piercing... mi mamá me dio permiso, pero si me conseguía la plata.  

¿Tiene alguna relación con lo sexual? 

R. Claro, porque le dicen a uno: “déjamelo ver”.  

Historia personal 

Mis papás son separados... siempre lo han estado. Sólo se juntaron hace once años por un rato, un “momento de pasión”, pero nunca vivimos con él. Tengo relaciones lejanas con él... lo veo cada año, aunque esta última vez que lo vi, hacía dos que no lo veía. El trabaja en una microempresa de cueros. Mi mamá trabajaba antes de secretaria, ahora está desempleada...  

A los cuatro entrevistados anteriormente se les preguntó si creían que en su grupo de amigos y compañeros tatuados había algo en común como la droga y la música:  

Carlos: Sí, claro, la marihuana, definitivamente. La marihuana solamente, porque somos vegetarianos (risas)... nada de químicos, claro, y el alcoholcito... Respecto a la música: la metálica y el rock.  

Todos coinciden en que les gusta la música metal y el rock pesado.

  

Caso 5. 

Ana María, 23 años, estudiante de Arte y diseño.  

¿Qué piensas del tatuaje?

R. Siempre quise hacerme un tatuaje desde los dieciséis años... tal vez lo asocio a una idea de rebeldía de juventud. En esa época no me lo hice... ahora, ya de ventitrés años, lo considero una decoración para embellecer mi cuerpo.  

¿Constituye el tatuaje un medio de comunicación? 

R. Definitivamente, sí... es una conexión que se establece... hace más fácil entablar una relación, conversar con alguien a través de preguntas: “¿Quién te lo hizo? ¿Cuánto te costó? Yo también tengo uno...” y ahí se inicia un diálogo, se vence entonces la timidez... es un medio de conocerse... Es un signo introductorio de la identidad...  

¿Qué símbolos has escogido para tus tatuajes?

R. No he encontrado uno que me llamara la atención, y lo diseñé... mirando un libro de arte precolombino me decidí... algo que me marcara, me diera identidad con mis antepasados... lo mezclé con algo tribal, algo que quiero establecer entre mis partes opuestas, entre mis emociones, entre la calma y la rabia... es el tatuaje algo muy personal que expresa algo de mí al mundo en que me encuentro...  

¿Qué impacto producen en la gente?

R. Depende de la persona que te mira... curiosidad, crítica, admiración... siempre me preguntan el porqué me lo hice y qué significa... hay gente que tiene reacciones negativas, me dicen por ejemplo: ¿Qué le vas a decir a tus hijos, a tus nietos cuando seas mayor?, ¿Qué vas a hacer cuando quieras arreglarte formalmente?”. Les contesto: “Yo los voy a criar, y si un día los tengo, les diré que me lo hice porque era algo bonito, de lo cual no me avergüenzo... hace parte de mi vida, de mi época, de mis emociones, y ellos serán de mente abierta para comprenderme...” 

Historia personal

Soy la segunda de dos hermanas... mi madre ha sido una persona muy conservadora, muy tradicional, sobre todo muy sobreprotectora. Mi papá también pertenece a una familia muy clásica, donde el cuidado por la apariencia física es fundamental.  

¿ Qué relación encuentras entre el tatuaje y el piercing?, 

R. Mucha. Los dos se insertan en el cuerpo... el piercing es algo más instantáneo, más difícil de sanar... necesita mucho cuidado para que no se infecte. Al principio, creí que iba a sanar en uno o dos meses, pero fue más largo: ha tomado casi un año... No me molestan estos cuidados, fue lo que yo escogí, además me gusta... me parece “sexy”.  

¿Tiene alguna relación con lo sexual? 
R. Sí. Hay gente que se hace piercing en los genitales. Lo hacen por estimulación sexual... les gusta la sensación cuando caminan, tú sabes... algo así como masturbarse... pero a mí no me llama la atención hacérmelos.  

¿ Hay algo en común con la droga y la música? 

R. Sí, pero no completamente. A muchos les gusta la música “punk”. Algo que sí aglutina, está en la filosofía de lo rítmico... lo tribal... ese espacio musical de percusión que se encuentra tan olvidado e ignorado y que es la razón por la cual muchas veces olvidamos el cuerpo y sus pulsiones... respecto a las adicciones, tú sabes, está muy de moda la marihuana y las pepas... hay de todo... yo por mi parte no las uso...  

¿Y respecto a lo satánico? 

R. A algunos grupos los asocio... hay mucha desilusión entre la juventud... no creen en nada. A veces Satán es una alternativa, una panacea en la que aspiran a encontrar respuestas... una ruptura de moda generacional, pero son cosas ciclales, y que ahora se ven muy malas y extrañas. Todas las épocas traen expresiones... después vendrán otras....  

  
 PIERCING 

Caso 1. 

Fabricio. 22 años, estudiante universitario de artes gráficas. 
Exhibe sus piercings en el párpado superior derecho, en la parte superior de la oreja derecha, y en la lengua. 
 ¿Qué significado le das a tus piercings? 

R. Querer pertenecer a un grupo. Es como cuando alguien quiere expresar una simple rebeldía. En este caso no quiero pertenecer a un grupo porque me siento diferente, y a la larga no soy tan diferente... simplemente pertenezco a otro grupo.  

¿Por qué crees que se ha popularizado tanto el piercing? 

R. Es un medio de expresión, un lenguaje, la ruptura de la carne es más significativa que el tatuaje. Impacta más, por que es más agresiva con el cuerpo... es un metal, un cuerpo extraño que uno le coloca al cuerpo. Es algo que viene de culturas remotas... La moda, el piercing en la lengua hace las veces del chicle, uno juega con él, se distrae... Siempre ha existido la fascinación por deformar el cuerpo, es como ir en contra de la estética perfecta que devuelve el espejo, es la búsqueda de mi yo interior.  

¿Qué se busca al colocarse piercings? 

R. Cuando busco una deformación, hago una ruptura de rebeldía con esa imagen del espejo que marca el canon de perfección y belleza de la cultura dominante, y cualquier deformación es un rompimiento con esa imagen. Durante el medioevo se reprimía lo erótico porque se consideraba malo. Ahora se busca una liberación del inconsciente, el piercing es como una ventana en la cual uno puede liberarse a sí mismo, para poder mirar. Incluso el mismo dolor que se siente al traspasar la piel es un enfrentamiento, es un aceptar el dolor como una emoción que se puede sentir. Es como un desafío al infierno asociado al dolor que había sido por muchos años ocultado, porque el dolor se equipara al infierno.  
Preferencias sexuales

Cuando me puse el piercing en la lengua lo hice por ver qué se sentía... Cuando se lo mostré a mi novia, dijo que era el regalo que más había deseado. El piercing en la lengua tiene una connotación sexual ligada al placer, y se lo colocan por igual hombres y mujeres.  

¿Las formas del piercing tienen relación con alguna expresión en particular? 

R. El piercing puntudo es más violento y agresivo que el redondo. Yo estoy por ponerme uno más grande en la oreja. 

  

CASO 2. 

Andy, 26 años, trabaja como tatuador y coloca piercings. 

Soltero.  

¿Por qué está tan de moda el piercing? 

R. Les gusta. Es una moda, es una forma de llamar la atención: se ven más “aletiados”. En cambio otros lo tienen oculto, como yo, que lo vivo para mí...es lo nuestro. En realidad me lo coloqué para ver qué se siente y me ha servido hasta de propaganda. Me distraigo, me desestreso, me pongo a jugar con él (una pequeña argolla que cuelga del frenillo del labio superior).  

¿Crees que el piercing está relacionado con preferencias sexuales? 

R. Sí, eso le he oído a muchos... que a las parejas las estimula, y además juegan y se estimulan a sí mismos con el objeto. Tiene mucho que ver con darle gusto al otro. Hay muchas parejas que lo tienen para ellos, para su intimidad. Sí, les he oído que el piercing en la lengua besa rico.  

¿Quiénes se lo hacen más? 

R. Por igual. Pero los hombres usan piercings más atrevidos, más grandes y pesados. Las edades oscilan entre los 15 y los 30. El tatuaje sí lo usan personas de más de 30. 

Hay unos muy agresivos: me los piden, o los traen con puntas... que los chucen. Hubo un pelado que jugaba tanto con el piercing que se rompió la lengua y le tocó sacárselo para que cicatrizara.  

¿Tiene que ver algo con la droga? 

R. La droga tiene mucho que ver. Para venírselo a hacer se meten una de marihuana o perica, por el sentido de amortiguar el dolor. Otros, de la misma traba se hacen tatuar o poner piercing.  

¿Tiene que ver con lo sexual? 

R. Es una relación muy íntima con la pareja, aunque hay “pelaos” que sólo se lo hacen por llamar la atención. Pero en muchos casos lo hacen por satisfacer sexualmente a la pareja. 
   
CASO 3

Felipe, 20 años. 

Ocupación, ayudante de Andy. 

Tiene piercing en la lengua y en el frenillo del labio superior.  

¿Por qué usa la gente el piercing? 

R. Por moda. Los pelados ven que uno se lo coloca y en seguida vienen todos a colocarse. Hay uno que quiere ser diferente y después es igual a todos, porque la moda los lleva a querer usar lo mismo. 

¿Crees que el piercing está relacionado con la sexualidad? 

R. Sí. La gente que se lo coloca dice que es cheverísimo para estar con la pareja. Depende del piercing. Uno puede ver que lo usan personas que quieren llamar la atención o personas que se quieren mostrar agresivas o violentas, o provocar temor. También hay quienes lo usan tiernos... las mujeres, en el ombligo. Los sitios de preferencia son en los hombres: la ceja, la lengua y las orejas. En las mujeres, la lengua, la nariz y el ombligo. También son frecuentes en tetillas, pene, escroto, testículos, y las mujeres en el clítoris, la vagina y los pezones.

¿Tiene que ver algo con la droga? 

R. Sí. Hay personas que usan droga y se colocan los piercings. Está asociado con todas las drogas. 

 

CONCLUSIONES 

 “(...)Esta preocupación por el estilo no es lo que los críticos literarios llaman formalismo. No es simplemente un interés por las apariencias externas, pues el estilo de vida no implica meras formas aparentes de comportamiento sino valores implícitos en este comportamiento y uno no puede cambiar su estilo de vida sin introducir ciertas modificaciones en la imagen que se ha formado de sí mismo. Los hombres del futuro no tienen “conciencia de estilo”, sino “conciencia de estilo de vida (...) Un estilo de vida es un vehículo que nos sirve para expresarnos. Es una manera de decirle al mundo el culto o los subcultos particulares a los que pertenecemos. Sin embargo, esto no basta para explicar la enorme importancia que tiene para nosotros la verdadera razón de que los estilos de vida sean tan importantes y lo sean cada vez más, a medida que la sociedad se diversifica. Es que por encima de todo, la elección de un modelo de estilo de vida al que emular es una estrategia crucial en nuestra guerra privada contra las crecientes presiones del exceso de opción.”[26]  

Antropológicamente podemos encontrar en las diferentes culturas, cómo los adornos en el cuerpo han sido prácticas constantes. El uso del piercing y el tatuaje se pueden ver como una forma de llamar la atención sobre la mirada del otro, para que sea ésta quien nos restituya o construya un lugar en el entorno. Así ha simbolizado algunas veces virilidad, poder, feminidad, aparición de la pubertad y aceptación dentro del mundo de los adultos. Todo buscando en últimas un lugar en el deseo del otro, una forma de aceptación y/o reconocimiento que permita consolidar la propia identidad.  

Vale destacar cómo la cultura del adorno como el piercing y el tatuaje está en este momento muy en boga entre nuestros jóvenes colombianos. Como forma de expresión se convierte en un puente de comunicación para expresar y perpetuar toda suerte de fantasías a través del cuerpo. El sol, la luna, una flor, un delfín, un escorpión, una araña, un corazón, unos labios, son un motivo frecuente para las mujeres atraer miradas. Entre los muchachos es fácil encontrar: calaveras, demonios, fieras, serpientes, héroes de la pantalla, y los más invencibles guerreros, todos como aliados a la hora de comprobar su fuerza, poder y condición varonil.  

Parece que muchos jóvenes que se hacen tatuajes y piercing, lo hacen con el sentido de unirse a un grupo para buscar una manera de romper con lo social, lo programado, y hacerse miemb

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